Los apartamentos oficiales en Llanes (municpio) están divididos en dos categorías: Apartamentos rurales y Apartamentos turísticos. La mayor diferencia entre ambos es el tipo de construcción y el lugar dónde se encuentran. Los apartamentos rurales están en el campo y/o en poblaciones que suelen tener menos de 1.000 habitantes y su tipo de construcción es de arquitectura tradicional asturiana. Los apartamentos turísticos están en el campo y el las poblaciones independientemente del número de habitantes que tengan y su construcción es generalmente nueva.

DESCRIPCIÓN

Llanes es una preciosa población marítima, cabecera de parroquia y concejo de igual nombre, en el oriente asturiano, cuya capitalidad turística reclama. Enclavada en la zona central costera del municipio, la parroquia de Santa María de Llanes, de 12,04 kilómetros cuadrados de extensión y 4.300 habitantes, abarca cinco núcleos: la casería de Pancar, los lugares de La Galguera, La Portilla (La Portiella) y Soberrón, así como la villa de Llanes, capital municipal, de 3.821 habitantes, envidiablemente acomodada al borde del mar, sobre un lugar llano, a una altitud de 11 metros y a 111 km de Oviedo, capital de la Comunidad Autónoma de Asturias. El propio núcleo urbano, surcado por el río Carrocéu, acoge calas como las de El Sablón, Puertu Chicu o Toró y ofrece al visitante, desde el paseo de San Pedro, a orillas del Cantábrico, la mejor panorámica en altura de una localidad con un paisaje tan fascinante. El topónimo Llanes hace referencia a su raso asentamiento, pues deriva de «Planes», que es alteración del vocablo latino planus.

Puerta turística de Asturias por el oriente, cobijo de un interesante patrimonio natural y artístico, encabeza un municipio declarado de Excelencia Turística, un territorio de cine en permanente idilio con las cámaras, el gran escenario cinematográfico de la región.

HISTORIA

El repaso a su historia comienza en el siglo XIII. Oficialmente, el origen de Llanes, el núcleo más poblado del este del Principado, está en torno a 1228, fecha, al parecer, en que el leonés Alfonso IX otorgó una carta puebla o carta de población a la populatione de Llanes, aunque ésta figuraba ya en un documento de 1225. Con ese fuero dicho monarca concedía a sus moradores las «tierras circundantes por su alfoz, término, tierra o concejo, ámbito municipal que configura con Llanes, una entidad jurídico-administrativa y económica unitaria» (Víctor Rguez. Villar). Espacialmente, el alfoz de Llanes, de 260 kilómetros cuadrados aproximadamente, coincidía con el antiguo territorio de Aguilar y se corresponde con el actual concejo. Hacia 1270, obtuvo del monarca Alfonso X el Fuero de Benavente y con él un incremento de derechos; el rey Alfonso XI lo ratificó en 1333 y de nuevo lo confirmaron los Reyes Católicos en 1481, conservándose este último en el Archivo Municipal. La puebla o población se fundó ex novo, en un lugar no habitado previamente, del que recibió el nombre, en vez de adoptar el del territorio, Aguilar. Se constituyó con gentes procedentes del entorno rural; sin embargo, su situación costera pronto le permitió abrirse a los foráneos. La nueva entidad de población, que en los siglos XIII y XIV tenía entre 1.000 y 1.500 habitantes, desplazó en 1237 al castillo de Soberrón como centro administrativo y militar del concejo o alfoz a ella agregado, el antiguo territorio de Aguilar. El fuero posibilitó una estructura administrativa concejil formada por varias instituciones: la asamblea vecinal, máxima representación del concejo y pilar fundamental de su gobierno y administración, que actuaba en régimen abierto, con reuniones extramuros y ante la Puerta de la Villa; los magistrados —dos jueces y dos alcaldes—, para impartir la justicia ordinaria conforme al fuero; un cuerpo de jurados o fieles con funciones de asistencia a los magistrados, y un buen número de oficiales o funcionarios concejiles subalternos.

El casco urbano, cuya parte antigua tiene el reconocimiento de Conjunto Histórico-Artístico, aún se mantiene bastante leal a su primitivo diseño en cuadrícula, con una calle principal, la calle Mayor, una segunda longitudinal, paralela a la primera, otra transversal cortando a ambas, más un nutrido grupo de vías transversales y longitudinales. La muralla cuadrangular que cerraba el recinto urbano tenía unos 800 m de perímetro; se empezó a construir en el último tercio del siglo XIII y no se concluyó hasta el XV, conservándose casi completa hasta el s. XIX. De la cerca, expresión de la función defensiva y de la condición urbana de la puebla frente al medio rural circundante, todavía quedan los paños septentrionales y un torreón circular de tres plantas, aún en pie, que se erigió a los pies de una de las cuatro puertas principales de ingreso, la del Castillo; las otras tres restantes eran la de la Villa, la del Llegar y la de San Nicolás.

Enseguida la villa se convirtió en importante núcleo económico debido a la importancia alcanzada por su actividad pesquera y comercial. Celebraba los jueves un mercado público semanal, fuera de la muralla y ante la Puerta de la Villa, y dos ferias anuales, la del día de San Juan en junio y la de San Miguel en septiembre. Los marineros, pescadores, armadores y comerciantes, en definitiva toda la gente de la mar, se integraron en la Cofradía de Mareantes local, con sede en la capilla de San Nicolás, que seguía sus propias ordenanzas, ratificadas por los Reyes Católicos en 1480 a petición de los cofrades. Fuera de la muralla, surgieron los barrios pescadores de Las Barqueras, La Moría, Santa Ana y los de El Cuetu y San Antón. El puerto de Llanes comerciaba con los de Andalucía, Francia, Inglaterra, Irlanda o Flandes, a los que exportaba pescado salado o seco, salazones de carne, fruta, manteca, madera o artículos de artesanía, y de los que traía vino, telas, granos y mercancías suntuosas. Un producto fundamental para su industria de salazones de pescado era la sal, de la que el puerto llanisco fue importador, llegando a tener su propio alfolí o almacén de sal por concesión de Alfonso XI en 1338, privilegio suprimido en 1493 por los Reyes Católicos en decisión irrevocable.

Vinculada a su actividad económica estaba la ruta jacobea de la costa que conducía a Santiago, de la que la puebla de Llanes era una reconocida etapa, de ahí que se creara en 1330 el hospital de peregrinos de San Roque. El Camino atravesaba el concejo llanisco de este a oeste.

Dentro del espacio interior amurallado, la villa pronto contó con una iglesia en un excelente emplazamiento, la basílica menor de Santa María del Conceyu, construcción gótica de los siglos XIV y XV, declarada Bien de Interés Cultural.

Los siglos XIX y XV fueron periodos de intensa brega por preservar la autonomía de un concejo que recuperó definitivamente su fuero por confirmación de los Reyes Católicos en 1481. Además, la villa padeció dos grandes incendios a finales del siglo XV y comienzos del XVI, el primero en 1480 y en 1509 el segundo, del que todavía quedaban graves secuelas cuando el 26 de septiembre de 1517, fecha convencional del comienzo de la Edad Moderna en Llanes, Carlos I la visitó brevemente tras su llegada a España después de desembarcar en Tazones (Villaviciosa) y antes de continuar viaje por el litoral oriental asturiano para alcanzar Cantabria y, por fin, Castilla. Según Laurent Vital, cronista del monarca, en aquella fecha aún faltaba por reedificar la mitad de las casas. Pese a todo, pudieron salvarse algunas edificaciones tan importantes como la casa de Rivero, del s. XV; sita en la plaza de Santa Ana y declarada Bien de Interés Cultural, es una de las pocas muestras del gótico civil en Asturias. Sin embargo, la mayoría de las viviendas de los barrios de pescadores se realizaron en los siglos XVI, XVII y XVIII, mientras los palacios en su mayor parte son del XVII, como la renacentista Casa del Cercáu o palacio de los Posada, Bien de Interés Cultural, que se inicia en el año 1597, aunque no se completa hasta las centurias del XVII y XVIII; el palacio de los Valdés-Posada o de Posada Herrera, actual sede de la Casa Municipal de Cultura, erigido a finales del XVII, frente a la iglesia; el de los Duques de Estrada o del Conde de la Vega del Sella, cercano al anterior, fechado como él en el s. XVII y ahora en restauración. Por su parte, la casona de los Mier, en la plaza de la iglesia, es obra de comienzos del XVIII.

Llega la Edad Moderna y con ella arriba a la villa una congregación de Agustinas Recoletas en el año 1662, alojándose provisionalmente en El Cercáu a la espera de que se terminaran las obras de construcción de su convento.

La actividad pesquera y comercial de Llanes experimenta un importante auge en esta etapa histórica. En el XVI y XVII Llanes era uno de los principales puertos del norte de España, codeándose con Lekeitio, Ondárroa o Pasajes. De la prosperidad de la villa en la segunda mitad del siglo XVI dan fe las numerosas licencias de importación. Se tienen noticias fechadas en 1523 y 1528 de la presencia de embarcaciones llaniscas echando sus redes al mar de Irlanda en busca de bacalao; allí fueron hostigados por navíos franceses y apresados algunos de ellos. También consta su estancia en Terranova. Durante ese siglo, los armadores de Llanes salían a pescar ballenas al Cantábrico junto con los vizcaínos, entregando un ala de cada cetáceo capturado a la Iglesia como diezmo y secular costumbre. La pesca de las ballenas, a las que se descuartizaba y se extraía la grasa en la casa de su mismo nombre, continuó hasta mediados del XVII; a partir de entonces se abandonó, dada su escasez en el Cantábrico. Asimismo, del mar se conseguían congrios, besugo, merluza, bonito o sardinas, dando ocupación a las mujeres en la industria de los salazones, que eran llevados por arrieros a Castilla, donde gozaban de gran estima, y al resto de las tierras asturianas. Las antiguas ordenanzas del enormemente prestigioso Gremio de Mareantes, histórica cofradía de fundación anterior al siglo XI que cada año celebraba junta general los días de Santa Ana y San Nicolás para la elección de distintos cargos, se reformaron en los años 1492, 1574 y 1608. En el siglo XVIII el puerto tenía establecidas relaciones comerciales con lugares de todo el litoral atlántico (Galicia, País Vasco, Francia, Bretaña y Andalucía), de donde se traían vinos, aceite, paños y loza, y a los que se llevaban madera, avellanas, castañas, naranjas, limones, nueces, etc. No obstante, en ese siglo se asiste a un lento declive económico de la villa a resultas de la escasa actividad comercial y pesquera del puerto llanisco, que a fines de dicha centuria se tornó prácticamente impracticable. Se pidió con insistencia su mejora, haciendo especial hincapié en la barra y en el arreglo de los muelles, cuyo estado era lamentable, o la construcción de unos nuevos. A la pésima situación portuaria contribuyó la colmatación de los fondos de la ría y de la barra. Pero a la crisis colaboraron igualmente otros factores, como el pago de impuestos por desarrollar tal actividad y el reclutamiento de marinos para la Real Armada.

A lo largo del periodo moderno, el puerto de Llanes hubo de defenderse del tozudo ataque de corsarios y piratas franceses, ingleses y holandeses. A tal fin el rey Felipe II decidió enviar, en 1574, cañones y municiones; mientras en 1596 se reforzó su fuerte, la llamada casa del Rey, erigida entre el espigón del puerto y la playa de Sablón, que consiguió hacer frente con éxito a ese hostigamiento sufrido en 1597, 1622, 1635, 1639, 1683 o 1726, apresándose algunos barcos hostiles, como un bergantín inglés, cargado de bacalao, en 1739.

En junio de 1701 se produce la última ratificación del fuero del concejo, otorgada por el rey Felipe V en agradecimiento a la lealtad a la causa borbónica mostrada por aquél. La villa continúa con sus competencias en materia de cargos municipales, eligiendo, entre otros, dos jueces-alcaldes, dos regidores, un procurador general y un depositario general.

Apenas iniciado el siglo XIX, tiene lugar la guerra de la Independencia. Una avanzadilla francesa proveniente de Unquera (Cantabria) entra en la villa el 24 de noviembre de 1808, ocasionando la huida de muchos de sus habitantes; mientras esto ocurría, la oficialidad era agasajada por el Ayuntamiento con un banquete en el palacio de Posada. Pronto comenzaron los enfrentamientos entre franceses y llaniscos mandados por Blas de Posada. El palacio de los Duques de Estrada fue habilitado como hospital, adonde fueron llevados los soldados de la división del general Ballesteros, que extendieron por la villa una epidemia pestífera desencadenante de una gran mortandad. Las irrupciones y los expolios prosiguen en el año 1809, en cuyo transcurso se produce la quema del Archivo Municipal. Tras la rotura de la línea defensiva asturiana del río Purón, la capital municipal vuelve a ser tomada por los franceses el 25 de enero de 1810, estableciéndose un destacamento francés en el convento de las Agustinas, que fue fortificado. Las tropas napoleónicas, acosadas por partidas de guerrilleros, entre los que destacó José Balmori, de Posada, y Zapatinos, campesino de Nueva, no dejaron Llanes hasta mediados de junio de 1811. Durante las guerras carlistas varias partidas tomaron la villa. En las postrimerías del siglo XIX se materializaron numerosas obras públicas, algunas tan significativas como el paseo de San Antón y el de San Pedro, proyectado en 1847; el nuevo matadero, el Hospital Municipal, el mercado cubierto, la minicentral eléctrica en 1895 y la traída de aguas de 1899. Por entonces dieron comienzo las obras del nuevo puerto, que, debido a diversos contratiempos, prosiguieron durante todo el siglo XX hasta su inauguración en abril de 1996, luego de haberse redactado a finales de los últimos ochenta el definitivo proyecto de construcción de la nueva instalación portuaria, heredera de una tradición pesquera secular, utilizada, además, por pescadores de otras localidades; en el caso de Niembro, porque es más seguro y les proporciona mejores prestaciones que el suyo, necesitado de un dragado y con una entrada muy peligrosa. Una mejora considerable en las comunicaciones se produjo al acabarse la carretera entre Oviedo y Torrelavega e inaugurarse en 1905 el ferrocarril entre Oviedo y Santander, uniéndose en Llanes las líneas férreas de Económicos y del Cantábrico.

La villa no fue ajena a las inquietudes culturales asturianas de comienzos del s. XX. Ya a finales del XIX habían salido a la calle varios periódicos: El Hijo de Llanes, El Correo de Llanes, La Ley de Dios o El Porvenir de Llanes; el actual decano de la prensa asturiana, El Oriente de Asturias, lo hizo por vez primera el 21 de marzo de 1868 y continúa editándose semanalmente, con la particularidad de enviar una parte de su tirada al continente americano, sobre todo a México, donde hay una relevante comunidad de llaniscos que mantiene estrechos vínculos con la tierra madre. A semejanza de las conferencias propiciadas por la Extensión Universitaria, en Llanes la sociedad obrera El Porvenir coordinó unas en el curso 1907-1908.

El parcial derribo de la muralla y la conclusión de la carretera a Oviedo marcan la expansión de la villa de Llanes.

Entre los acontecimientos políticos del siglo XX sobresalen el triunfo electoral de la Coalición de Derechas durante la II República; la Guerra Civil, cuyo alzamiento del 18 de julio de 1936 no prosperó en la villa, por lo que la capital municipal no fue ocupada por los nacionales hasta el 5 de septiembre de 1937, y, ante todo, la ansiada llegada de la democracia en 1975.

Cabecera de un concejo de tradición ganadera y espectacular auge del turismo, Llanes, hoy una villa económicamente dependiente del sector terciario o de servicios, aunque la actividad marinera se mantenga, ofrece una «carta» turística de alta calidad, con buenos hoteles y alojamientos rurales, excelente programación cultural, deportiva y festiva, además de un riquísimo patrimonio natural, monumental, etnográfico, folclórico y gastronómico.

Un paseo por Llanes, considerada la capital turística de Asturias, permite solazarse con un casco urbano en el que se suceden manifestaciones arquitectónicas de la importancia de la muralla y su torre del Castillo; el templo parroquial de Santa María del Conceyu; la antigua casa de Posada Herrera, hoy Casa Municipal de Cultura, ubicada junto a la iglesia; el palacio del Duque de Estrada; la casona del Cercáu; la casona de Noriega, la capilla de Santa Ana y el palacio de Gastañaga, en la plaza de Santa Ana; el edificio del Ayuntamiento; el Casino; el antiguo convento de Monjas Agustinas Recoletas, ahora hotel; los edificios del XV al XIX de la calle Mayor; la casa de las Sirenas, como ejemplo de las viejas casas del barrio de las Barqueras; el barrio de El Cuetu; o los palacetes de indianos propios de fines del XIX y comienzos del XX acomodados en las afueras, como Villa Concepción, el palacio de la Marquesa de Argüelles y Villa Parres.

UN PASEO POR LA VILLA

Comenzamos la visita a la villa de Llanes atravesando el parque de Posada Herrera. Está hecho sobre un terreno que, en su día, fue un descampado, La Campera. En él está el parque infantil rodeado de parterres con especies arbustivas y flores de todo tipo, un estanque, en el que los nenúfares y plantas acuáticas aprovechan para crecer, y la estatua de José Posada Herrera (Llanes, 1814-1885), personaje de honda tradición en Llanes (ver el apartado «Historia»). Llanes, por iniciativa del Ayuntamiento y para perpetuar su memoria, le levantó una estatua en bronce que fue descubierta en 1893, habiendo sido realizada por Gragera. Fue repuesta en 1963, esta vez obra del escultor llanisco Emilio Sobrino Mier.

Siguiendo el recorrido, hacia el este encontramos el Colegio de la Encarnación, actualmente hotel, edificio que fue convento de las Agustinas Recoletas en 1662. Durante más de dos siglos fue habitado por estas monjas, sostenidas con los recursos que cada una aportaba, vía dote, y con las limosnas del vecindario. En 1809 se vieron obligadas a abandonar este convento al ser ocupado por los franceses durante la Guerra de la Independencia y haberlo convertido en cuartel. Posteriormente fue colegio de primera y segunda enseñanza de niños, transformando una parte de sus huertas en paseo y jardines. La portada presenta, con claridad, las premisas barrocas efectivas ya a fines del siglo XVII. Los elementos arquitectónicos son empleados en su doble función tectónica y ornamental. En la zona baja, la portada está flanqueada por columnas sobre plintos cajeados y ornamentados. El friso cuenta con los clásicos triglifos y rosáceas; el orden es, por tanto, el preceptivo toscano. Sobre este friso aparece una fuerte cornisa que separa y al tiempo le une con la zona alta, en la que se sucede el esquema de portada. El sillar utilizado en la portada es perfecto en calidad y tallado.

Caminamos hacia el norte por la avenida de San Pedro, dejando al lado izquierdo la Fundación Faustino Sobrino (residencia de ancianos), y a nuestra derecha, el Centro de Salud.

Se han recorrido 576 metros.

Nos dirigimos al paseo de San Pedro, y tras subir unas descansadas escaleras de piedra, es preciso asomarse al más bello mirador que existe sobre el mar Cantábrico. Este paseo, de césped en su totalidad, mide 720 metros y data de 1847, siendo alcalde Francisco Posada Porrero, como podemos leer en la placa que allí se encuentra. Al oeste observamos la costa de Poo, Celorio, etc. Por esta zona, concretamente en la costa de Celorio, se encuentran varias rocas que, en condiciones específicas de luz y mareas, asemejan la cara de Cristo. El nuevo ensanche del paseo hacia el lado oeste fue inaugurado en 1994; en el momento presente se está ampliando una vez más en esa dirección; dispone de un sistema de riego por aspersión que permite que el césped que lo recorre permanezca en perfecto estado durante todo el año, sin que su proximidad a la mar y el efecto dañino del salitre lo perjudique. La vegetación se basa en tamarindos y otras plantas arbustivas, destacando en algunas zonas plantas tropicales como los Magueis. Al fondo podemos ver el puerto y el campo de golf municipal, situado entre las cuestas de Cue y de Andrín, y donde hasta el año 1963 se encontraba el Campo de Aviación.

Podemos observar el recinto amurallado, cercado defensivo de Llanes, que se comenzó a construir como consecuencia de la Carta Puebla otorgada por Alfonso IX a la villa, en el primer tercio del siglo XIII. Hay que destacar el Torreón (c/ Alfonso IX, tras el Ayuntamiento), Monumento Nacional desde 1876, de planta circular y de carácter defensivo-militar. Los muros son de mampostería caliza. Constaba en su origen de tres pisos interiores. Fue cárcel pública en el siglo XVII. Ha sido recientemente restaurada y habilitada como Oficina de Turismo, compuesta por cuatro plantas repartidas interiormente con una estructura de madera y cristal, que abre todo el año, pudiendo ser visitada libremente.

También puede verse la Basílica, el palacio de los Duques de Estrada, la Casa de Cultura y El Cercáu.

En el paseo, a mano izquierda y situado en un pequeño alto, existe un banco de piedra o canapé de estilo romántico, construido a base de perfectos sillares, que posiblemente pertenecieran a otro edificio, tal vez a la capilla de San Pedro. Es de gran valor estético y data de finales del siglo XIX.

Díaz Ibargüen, en su libro Llanes, crónicas del tiempo ido, en el artículo «Aclarando nombres San Pedro, San Román y la Tijerina y la Paz», dice: «Comenzaré por el nombre del Paseo de San Pedro. En este lugar no pongo ningún adjetivo por estar ya agotados todos antes de las obras que conmemora la lápida del año 1847, en la parte ancha del mismo, donde ahora existen unos bancos de madera, había una ermita dedicada al Apóstol San Pedro, y junto a ella una bolera. Desapareció aquella ruinosa ermita y también la bolera, pero el nombre perdura».

La Cueva del Taleru, en la parte oriental del paseo, tiene forma poco corriente; carece de la parte superior de la bóveda, estando formada por dos columnas laterales que sostienen una enorme viga de piedra con un vano de 15 m. Su nombre viene, probablemente, de atalayeru. En la parte posterior de la cueva hay un poco conocido bufón que en los días de marejada lanza el agua del mar por encima del paseo. (Los bufones son cuevas abiertas al mar por la fuerza erosiva del mar en las paredes de los acantilados; cuando la marea sube, el agua se introduce y sale al exterior convertido en un surtidor o chorro, haciendo un ruido especial o bufido, de donde deriva su nombre.)

El mirador del paseo trató de ser utilizado como castillete de señales por el Gremio de Mareantes en 1928. El castillete fue construido en el siglo XVII y su objeto era dar la alarma cuando el atalayeru viera acercarse al puerto algún barco sospechoso. Este tipo de construcciones son muy frecuentes por toda la costa del concejo.

Mirando hacia abajo al fondo del paseo, en un descanso, podemos ver, a la derecha, la playa de Sablón, la más céntrica de las 45 playas que tiene el concejo a lo largo de sus 35 kilómetros de litoral. El paseo de San Pedro termina en una masa rocosa, que se conoce como el Picu Guruñu. Desde el extremo oriental del citado paseo, a través de unas escaleras, se accede a la playa del Sablón, la más importante de las tres existentes en la villa de Llanes, tiene una longitud de 100 metros y forma de concha, encajada entre acantilados bajos y ubicada entre la Punta El Caballo al este y la Punta Guruñu al oeste. Es una cala poco peligrosa, que cuenta con equipo de Salvamento y Socorrismo durante la temporada veraniega.

Seguimos nuestro camino bordeando la playa del Sablón, para adentrarse en el barrio de la Moría, uno de los más emblemáticos de Llanes, viejo asentamiento de pescadores ubicado fuera de los muros de la villa.

Encaminándonos al espigón, podemos observar el lugar en que antes se encontraba el Fuerte, y en el que hoy, para recordarlo, están situados dos cañones. El Fuerte defendía el puerto con «dos cañones de a dieciocho». Desde aquí se protegía Llanes de los ataques de piratas.

Nuestros pasos se dirigen hacia el puerto, remodelado y modernizado en el año 1996, dotándolo de mejores estructuras portuarias, mediante las cuales los pescadores locales pueden faenar durante muchos días al año, evitando aquellas jornadas en las que, por culpa de la poca infraestructura portuaria, no podían salir a pescar. Al atravesar el pequeño puente sobre la compuerta, a la derecha vemos al fondo la Rula o lonja del pescado. Es un edificio construido en 1932, ejemplo del movimiento moderno en arquitectura. La lonja es administrada por la Cofradía de Pescadores; en ella se realiza la comercialización de los productos pesqueros capturados por la práctica totalidad de la flota llanisca.

Tras subir una pequeña rampa, accedemos al paseo de San Antón, estrenado oficialmente el 25 de noviembre de 1994; es eminentemente marinero, con sus farolas recordando a las gaviotas que anidan en la costa. Cuenta con una longitud de 320 metros y a lo largo de él podemos destacar el edificio de La Tijerina, donde estaba la Sociedad de Salvamento de Náufragos, fundada en 1887. Se dice que se llamaba así, o bien por una revista que se editaba en aquella época, por las vigas del tejado que tienen forma de tijera, o porque allí se reunían tertulias que criticaban a todo el mundo, según expresión popular, «cortaban trajes», de ahí lo de tijerina.

Unos metros más adelante, podemos apreciar una estatua en bronce, que representa una mujer, en homenaje a Llanes y sus gentes.

Al fondo, el Tendederu de redes, lugar en el que se secaban y reparaban las redes.

Como prolongación de este paseo, a mano derecha, nos adentramos en la zona de Puertu Chicu o Puerto Chico. Desde un bello mirador, cuyo suelo reproduce la Rosa de los Vientos, podemos observar, a cada lado del mismo, las playas de Puertu Chicu y Las Muyeres. Tras atravesar Puerto Chico y llegar a un pequeño cruce se divisa en un alto la capilla de la Guía, erigida en el s. XVII, pero con varias reformas, en una de las cuales se añadieron las dos torres almenadas de sección semicircular. Cuenta la tradición que la imagen de su Virgen la hallaron unos pescadores en el interior de una caja de madera que apareció flotando en el agua.

Desde aquí también se ve el faro; es de luz fija y se considera faro de descanso. Se halla servido por un torrero y está comprendido en el plan general de alumbrado a que se refiere el Real Decreto de 13 de setiembre de 1860. Igualmente, se divisa el puerto, al cual se entra por una franja existente entre el espigón (la barra) y una roca, que a simple vista no se aprecia, llamada La Osa. Ésta dio lugar a frases populares que demuestran que la entrada al puerto era muy peligrosa y sólo para buenos conocedores de éste, como eran los marineros de Llanes:

Villa de Llanes,
villa nombrada,
si no fuera por la Osa,
serías quemad
a.

(Hace referencia a algunas incursiones de piratas, que sucumbieron al chocar contra esta rocas, cuando intentaban entrar en la Villa por su puerto).

En una detenida visita a la localidad de Llanes es imprescindible acercarse al patrimonio monumental de la villa, cuyo recién rehabilitado casco antiguo ha sido declarado Conjunto Histórico-Artístico. La muralla citada anteriormente y el Torreón; la plaza de Parres Sobrino, sita extramuros, frente a la calle de Mercaderes y cerrada en sus tres lados por edificaciones populares de los ss. XVIII y XIX, antiguo lugar de celebración de los mercados semanales y ferias anuales que dieron renombre a la villa desde la baja Edad Media; las capillas de Santa Ana (plaza de Santa Ana), La Magdalena (plaza de La Magdalena, paralela a la calle Mayor) y San Roque (plaza de San Roque, frente a la Puerta de la Villa); la Basílica o parroquial de Santa María de Conceyu (plaza de Cristo Rey); los palacios de los Gastañaga o Casa Rivero (confluencia de la calle Mayor con la plaza de Santa Ana), de los Duques de Estrada (junto a la iglesia parroquial), la casona natal de José Posada Herrera, hoy Casa Municipal de Cultura, limitando al oeste la plaza de Santa María de Conceyu; la Casa del Cercáu, cercana a la parroquial; el Casino (c/ del Castillo); el Ayuntamiento (c/ Nemesio Sobrino, s/n), y los numerosos palacetes característicos de la arquitectura de indianos —como Parterríu, Villa Concepción o el palacio de la marquesa de Argüelles, entre otros—, presentes a lo largo de la calle principal que recorre la villa de este a oeste pero, también, en otras zonas, como la avenida de la Concepción, donde se agrupan las construcciones de indianos más monumentales del casco urbano, son sólo algunas de las manifestaciones artísticas de interés. (Ver apartados relativos a la arquitectura civil y religiosa.)

El faro de Llanes

«El faro de Llanes tiene vocación urbana» («Faro de Llanes», lámina 14, diario La Nueva España, Oviedo, 4-IX-1999), por hallarse —de ahí su singularidad— entre el caserío de la villa, concretamente en la llamada punta de San Antón, al sur de la ría de Llanes y en la margen derecha de su puerto. Su emplazamiento, en una zona acondicionada para el paseo, junto al Tendederu —así conocido por la existencia de unos colgaderos de cemento para secar y reparar las redes de las embarcaciones—, favorece el fácil acceso de miles de curiosos desde el casco urbano por caminos que arrancan de la orilla izquierda de la ría y terminan, más adelante, en la preciosa playa de Toró. «Desde el lugar se observan bellísimas estampas del puerto pesquero, de buena parte de la villa y también del paseo de San Pedro, que parece presidir las arenas de la playa del Sablón» (J. Antonio Ordóñez, La Nueva España, 3-IX-99).

Este complejo farero, uno de los más orientales del litoral asturiano, se inauguró, con general satisfacción, categoría de sexto orden y alcance de nueve millas, el 30 de septiembre de 1860; por aquel entonces fue posible la construcción de otros muchos faros en distintos puntos de Asturias. El edificio original, de planta rectangular, torre octogonal en la fachada norte y lámpara de émbolo alimentada con aceite de oliva, sufrió un incendio en 1946 que provocó su parcial arruinamiento. Ese mismo año se inició la reconstrucción, pero manteniendo la torre. Las obras supusieron un desembolso de 300.000 pesetas. Actualmente, la torre es el único elemento externo diferenciador de este edificio respecto de una tradicional vivienda urbana de dos alturas. Está cercada por una tapia de pilastras y entrepaños.

La linterna, cuyo ingreso se realiza a través de una metálica escalera de caracol, cuenta con una óptica no giratoria que contiene una lámpara de 500 vatios.

Dentro del recinto tapiado existe un radio-faro de columnas metálicas, nueve años posterior a la vigente linterna, que emite las letras «I A», equivalentes en clave morse a la letra «LL», alusiva a Llanes.

El plano focal lo tiene el faro a 20 m sobre el nivel del mar y 6,5 m sobre el terreno, alcanzando su luz blanca 38 millas con buen tiempo y nunca menos de 16 en días brumosos. Las ocultaciones de luz se dan cada 15 segundos.

El faro de Llanes, que igualmente hace de estación meteorológica, «es justo heredero de la enorme tradición marinera de la localidad en que se enclava, cuyos vecinos destacaron hace siglos por su pericia en la siempre peligrosa pesca de ballenas» (J. A. Ordóñez).

BIBLIOGRAFÍA

  • CERRA, Yolanda, COLINA, Arturo, y otros: Llanes y Ribadedeva, colección «Asturias, concejo a concejo», Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA), Oviedo, 1993.
  • GARCÍA COSÍO, Xosé Firmu: «Llanes», en Diccionario Geográfico de Asturias (Ciudades, Villas y Pueblos), Editorial Prensa Asturiana, Oviedo, 2000.
  • ORDÓÑEZ, JOSÉ A.: «Puerto de Llanes», diario La Nueva España, Oviedo, 24-IX-1999.
  • VARIOS AUTORES: Guía de Asturias, Asturias'92, Oviedo, 1992.
  • GRAN ENCICLOPEDIA ASTURIANA (GEA), varios tomos, Gijón.
  • AYUNTAMIENTO DE LLANES: Llanes, Municipio de Excelencia Turística (folleto).

Hombres ilustres

Muchas han sido las personas, naturales o asentadas en el concejo, sobresalientes en los campos de la política, la milicia, o las artes y las letras, entre las que conviene acordarse de:

Juan de Llanes. En la emigración llanisca a Ultramar, aunque no significativa a cuanto a número, merece la pena detenerse, en esta ocasión extensamente, para dar a conocer los grandes méritos, en gran medida desvelados por el anteriormente citado trabajo de los historiadores J. R. Martínez Rivas, S. Estrada Luis y R. García Carbajosa, de este explorador y conquistador nacido en la capital del concejo, quien durante la primera mitad del siglo XVI tomó parte en diversos y trascendentales descubrimientos como el haber navegado por todo el Amazonas en compañía del capitán Francisco de Orellana, siendo de los primeros en cruzar todo el continente sudamericano por su parte más ancha. Como otros muchos españoles, Juan de Llanes emigró al Nuevo Mundo en busca de aventuras, fáciles riquezas y fama. Como él mismo declara en la información de servicios que presentó al rey para conseguir mercedes, pasó al Perú hacia el año 1534, poco después de que Francisco Pizarro entrase en Cajamarca. Al poco de llegar, el llanisco partió con el capitán Gonzalo de Olmos al reino de Quito para someter a los indígenas del golfo de Carazque que meses atrás habían arrasado la localidad de Pueblo Viejo. Sobre estas ruinas, los hombres de Olmos fundaron en 1535 una nueva población que llamaron Villanueva de Pueblo Viejo. En los tres años siguientes Perú se vio alterado por la rebelión masiva de los incas contra el dominio español y por las posteriores rivalidades entre Francisco Pizarro y Diego de Almagro por el control de la ciudad de Cuzco. Cuando se produjeron estos sucesos, el capitán Gonzalo de Olmos, Juan de Llanes, Francisco de Orellana y los demás componentes de la expedición se hallaban aún en Villanueva de Puerto Viejo. Aunque Juan de Llanes nada dice sobre si tomó parte en estos acontecimientos —en la declaración que hizo omitió algunas de las acciones en que intervino—, creen los historiadores citados anteriormente que debió de participar en ellos ya que, al producirse el levantamiento de los indígenas peruanos, el capitán Olmos salió con sus hombres de Puerto Viejo para socorrer a las ciudades de Lima y Cuzco, sitiadas por miles de incas. Reducidos éstos, Gonzalo de Olmos regresó con su hueste a Puerto Viejo, de donde salió de nuevo para ayudar a Francisco Pizarro contra Diego de Almagro y sus partidarios. Después de la batalla de las Salinas (26 de abril de 1538), donde los almagristas fueron vencidos, Francisco de Pizarro hizo un nuevo reparto de la tierra, nombrando a Francisco de Orellana gobernador de la provincia de la Culata con el encargo expreso de que fundase allí una ciudad. Reuniendo a viejos compañeros de aventuras, como a Juan de Llanes, Francisco de Orellana emprendió la conquista de aquella región situada en torno al golfo de Guayaquil. Aunque el ejército español era bastante reducido, consiguió, no obstante, someter a los belicosos aborígenes que años atrás ya habían destruido por dos veces la ciudad de Guayaquil. El 25 de julio de 1538, el capitán Orellana, en presencia de sus hombres, fundó la nueva ciudad de Santiago de Guayaquil y, acto seguido, repartió los solares entre sus soldados. Poco después, Juan de Llanes entró también a descubrir con dicho capitán la provincia de las Esmeraldas, región ubicada al noroeste de Quito. En todas estas expediciones, el asturiano, como dice el capitán Álvaro de Paz, compañero suyo, «sirvió en el como buen soldado, sin socorro ni ayuda de costa, sino á su propia costa é misión». Concluidas estas empresas, Juan de Llanes se trasladó a Quito, de donde salió a finales de febrero de 1541 para ir con Gonzalo Pizarro a la conquista de los países de la Canela y Eldorado. En el río Napo, entre el Aguarico y el Curaray, el llanisco se embarcó en el bergantín San Pedro, construido semanas antes en la misma selva, y junto con el capitán Orellana y otros hombres se lanzó el 27 de diciembre de 1541 río abajo en busca de vituallas. Atrás quedaron Gonzalo Pizarro y el resto de los españoles e indios. Pero el bergantín nunca regresaría. La fuerte corriente del Napo y luego la del Amazonas se lo impidió, al decir de la mayoría de sus tripulantes. Luego de navegar a lo largo prácticamente de todo el Amazonas en un viaje sin precedentes, Juan de Llanes salió al Atlántico y con los demás supervivientes se dirigió a la isla Margarita, enfrente de las costas venezolanas, desde donde, tras un merecido descanso, regresó a Quito vía Panamá. Meses después, Perú se vio convulsionado por la rebelión de Gonzalo Pizarro contra la promulgación de las Leyes Nuevas, que entre otras cosas prohibían la esclavitud de los indios. Para hacer cumplir estas leyes, Carlos V nombró virrey del Perú a Blasco Núñez Vela, quien en marzo de 1544 desembarcó en Túmbez, donde empezó a reclutar hombres. Tomando partido por la causa realista, Juan de Llanes acompañó al virrey hasta la ciudad de Lima. Pero éste poco pudo hacer frente a la superior fuerza de Gonzalo Pizarro y sus partidarios. Vencido y muerto Núñez Vela en la batalla de Añaquito (18 de enero de 1545), la Corona española envió entonces al licenciado Pedro de la Gasca con plenos poderes para terminar de una vez con la rebelión pizarrista. Nada más conocer que La Gasca venía en nombre del rey a pacificar al Perú, Juan de Llanes fue uno de los soldados que se les unieron y junto a él se dirigió al valle de Jaquijahuana, a 20 km de Cuzco, «donde se dio la batalla al dicho Gonzalo Pizarro por el dicho licenciado Gasca é su gente, donde fué muerto é desbaratado el dicho Gonzalo Pizarro y sus secuaces, é hizo justicia de ellos —recuerda Pedro Domínguez, testigo presencial—, y en dicha batalla se halló en servicio a Su Majestad el dicho Juan de Llanes, é sirvió á su costa y misión con sus armas é caballo, como buen soldado». Restablecida la paz, el asturiano regresó a la ciudad de Quito, de donde salió para ir con el corregidor Antonio de Oznayo a la conquista y pacificación de Lita, Quilca y Caguaqui, pueblos de los términos de aquella ciudad, empresa en la que el llanisco llevó a su costa dos soldados para que sirviesen también en esta campaña. Más tarde, cuando en 1553 se produjo la insurrección de Hernando Girón contra la Audiencia de Lima, Juan de Llanes fue nombrado por el corregidor de Quito jefe de una partida de hombres armados para que pasase al pueblo de Chimbo a defender el paso allí existente. Casado en Quito con una viuda que aportó al matrimonio el repartimiento de indios que tuviera su primer matrimonio, Juan de Llanes se avecindó definitivamente en esta ciudad. En el año 1564 era miembro del Cabildo de Quito, ciudad de la cual fue alcalde ordinario y regidor. «He servido á Vuestra Alteza en otras cosas que se han ofrecido de vuestro real servicio con mis armas y caballos y criados —declara el mismo Juan de Llanes en su Información de servicios—, todo á mi costa y misión, donde he gastado mucha suma de pesos de oro sin habérseme dado ninguna cosa de vuestra real hacienda, y sin haber deservido á Vuestra Alteza en ninguna de las cosas acaescidas en este reino contra vuestro real servicio; y hasta agora no he sido remunerado ni gratificado de mis servicios.» Hallándose pobre, viejo y con hijos, el capitán Juan de Llanes —como lo nombra el historiador Toribio de Ortiguera, quien lo conoció en Quito— rindió en septiembre de 1568 una información de sus servicios para que fuesen debidamente gratificados por la Corona. Lo que pedía al rey era que en justicia se le otorgase una pensión de 4.000 pesos anuales. Hacia 1585 aún seguía viviendo en la ciudad de Quito.

Manuel Rubín de Celis, prosista, poeta y traductor de la segunda mitad del s. XVII, autor de numerosos escritos: Égloga pastoril. Lamentos a la muerte de María Lavanat, primera dama del teatro, Madrid 1765; Discursos políticos sobre proverbios castellanos, Madrid 1767; Carta histórico-médica sobre la inoculación de las viruelas, Madrid, 1773, etc., y traducciones del francés.

El doctor en Teología Pedro de Inguanzo y Rivero (La Herrería, Llanes 1764-Toledo, 1836), cardenal, arzobispo primado de España, diputado asturiano electo para las Cortes de Cádiz, académico de la Real de la Historia y consejero de Estado, extraordinario orador parlamentario y polemista, de vasta cultura teológica y humanística, con obras como El dominio sagrado de la Iglesia en sus bienes temporales (2 tomos, Salamanca, 1820), o la Pastoral al clero y pueblo de la Diócesis de Toledo contra las malas doctrinas y costumbres, Toledo, 1825.

El controvertido político José Posada Herrera (Llanes, 1814-1885), abogado y profesor de Economía Política en la Universidad ovetense, fundador del partido Unión Liberal y de la Academia de Ciencias Morales y Políticas; nombrado ministro de la Gobernación en dos ocasiones, «no había otros triunfos electorales sino los previamente dispuestos por él desde el Ministerio de la Gobernación, al habla y mediante acuerdo con los gobernadores y otras autoridades provinciales, por lo que se le denominaba El Gran Elector» (Constantino Suárez); después de la revolución de 1868, fue embajador en El Vaticano, presidente del Congreso y del Consejo de Ministros; publicó Lecciones de Administración, Estudios sobre Beneficencia pública, Relaciones de la Legislación con la Política, etc.

Un hombre de letras, Gumersindo Laverde Ruiz (1835-1890), catedrático y escritor, a quien el profesor José María Martínez Cachero llama «Asturiano de las dos Asturias, la de Santillana y la de Covadonga»; aunque nació en Estrada, un pequeño pueblo de Val de San Vicente, en Cantabria, se trasladó siendo muy niño a la localidad llanisca de Nueva; luego, estudió Derecho y Filosofía y Letras, fue catedrático de Retórica y explicó Literatura Latina y Española en las Universidades de Valladolid y Santiago; el autor de Ensayos críticos sobre filosofía, literatura e instrucción pública españolas (1868) demostró su asturianismo no sólo en sus poesías, sino en trabajos suyos, como el ensayo acerca de la creación de una «Academia Asturiana».

Ángel de la Moría, seudónimo de Ángel García Peláez (Barrio de La Moría, Llanes, 1858-Llanes, 1895), sacerdote y a la vez el poeta más popular y representativo del bable oriental, quien con 16 años emigra a México, donde se convierte en ministro de Dios; vuelto a su villa natal con 33 años, ejerce el sacerdocio y colabora en El Oriente de Asturias, además de crear y dirigir el periódico La ley de Dios; dio a la imprenta las obras siguientes: El Pozu del Alloral, A teya vana y Recuerdos gratos.

Pepín de Pría (La Pesa, Pría, Llanes, 1864-Nueva, Llanes, 1928), sobrenombre de José Antonio García Peláez, quien, con estudios de Magisterio, tuvo varios empleos, pero ante todo fue poeta en bable, enriqueciéndolo «con numerosas obras, singularmente con Nel y Flor y La Fonte del Cay [...] Estos dos poemas, junto con algunos otros, son unánimemente reputados por los críticos como los más representativos de la lírica de Asturias en el lenguaje vernáculo» (Elviro Martínez).

Amable González Abín (Nueva, Llanes, 1862 - — Piñera de Pría, Llanes, 1911), escritor emigrante a Cuba, en cuya guerra de la Independencia participó, de 1881 a 1887; a su regreso estudia Filosofía y Letras y se vuelca en la docencia y el periodismo; escribió en castellano y bable (Jueyines del mio güertín).

Un adelantado de la fotografía, Cándido García (1869-1925), vallisoletano de nacimiento, aunque residente en Llanes desde que tenía un año de edad.

El también fotógrafo Nicolás Muller (Orosháza, 1913 - Andrín, 3 de enero de 2000), uno de los precursores de la fotografía social, artista universal y llanisco de adopción, nacido en Orosháza —una aldea de Hungría—, cuyo padre era abogado de profesión y presidente de la comunidad judía de la localidad; en 1935-36 se doctora en Derecho y Ciencias Políticas, pero prefiere dedicarse a la fotografía y forma parte del grupo «Descubridores de aldeas»; en 1938 se expatria y se traslada a París, donde vive dos años, colabora con revistas como Regards, France Magazine y Match, y establece contacto con algunos de los grandes maestros de la fotografía; al estallar la 2ª Guerra Mundial viaja a Portugal, desplazándose posteriormente a Tánger; abandona Marruecos en 1947 cuando la Revista de Occidente le invita a celebrar una exposición en Madrid; a partir de esa fecha se afinca en España, empieza a colaborar en la citada revista y abre su propio estudio; en 1947 llegó de la mano de un amigo, el escritor y filósofo Fernando Vela, a Asturias, volviendo desde entonces a Llanes todos los años hasta que, en 1968, construye su casa en Andrín, donde vivió hasta su fallecimiento; el descubrimiento, el 30 de marzo de 2000, de una placa en su memoria junto al chalé que habitó sirvió de prólogo a la apertura, ese mismo día, y hasta el 26 de abril de ese mismo año, de la exposición antológica «Nicolás Muller. Fotografías de una vida», una amplia visión de la obra de Muller, imágenes de Hungría, Portugal, Marruecos y España captadas por el hombre que, en palabras de Ortega y Gasset, «domesticó a la luz».

Ricardo Duque de Estrada, conde de la Vega del Sella (Pamplona, 1870-Nueva, Llanes, 1941), del que interesa, sobre todo, su condición de arqueólogo y naturalista, desarrollando una intensa labor investigadora del más alto nivel, lo que permitió el descubrimiento y exploración de numerosas cuevas del concejo habitadas por gentes paleolíticas y pospaleolíticas; en este campo trabajaron con él estudiosos tan reputados como H. Obermaier, H. Breuil, P. Wernet o E. Hernández Pacheco.

El militar Manuel Díez-Alegría y Gutiérrez (Buelna, Llanes, 1905-1987), jefe del Alto Mayor del Ejército entre 1970 y 1974, embajador de España en El Cairo desde 1976 a 1978 y miembro de número de la Real Academia Española por elección celebrada en enero de 1979.

El poeta Celso Amieva (1911-Moscú, 1988), seudónimo de José María Álvarez Posada, nacido accidentalmente en la localidad cántabra de Puente Sanmiguel, donde su progenitor era maestro, profesión ejercida luego por él mismo; el desenlace de la guerra civil le obligó a pasar a Francia en el año 1939; posteriormente se fue a México, donde trabajó como profesor de castellano, traductor de poemas franceses y colaborador de numerosas publicaciones de toda América, siendo condecorado en 1959 con la Medalla Artística de la Revolución Mexicana por el guión de la película Pueblo en armas; a partir de 1969 fijó su residencia en la URSS, cuyo Soviet Supremo le premió en 1985 con la Orden de la Amistad de los Pueblos; una Antología poética suya, con selección hecha por el vate llanisco Pablo Ardisana, la editó el Principado de Asturias a través de su Servicio de Publicaciones en el año 1985.

José Purón Sotres (Andrín, Llanes, 1912-Llanes, 1987), pintor distinguido con varios premios a lo largo de su carrera, quien se trasladó a Madrid para cursar sus estudios becado por la Diputación de Asturias, para más tarde viajar con beca a Italia y, luego, a Francia; «en su pintura destacan las obras de los años cuarenta, con limpios paisajes de fluida factura y composiciones figurativas, como la Adoración de los pastores (pintada para el Hospicio de Oviedo y rechazada al no haber sido comprendido su realismo), escenas costumbristas y algún autorretrato, en los que evidencia la influencia de sus maestros Eduardo Chicharro y José Ramón Zaragoza» (Javier Barón Thaidigsmann); en 1988, la villa de Llanes, a la que había donado su fondo pictórico, le nombró, a título póstumo, Hijo Predilecto.

Emilio Pola (Llanes, 1915-1967), poeta y escritor, quien obtuvo el Premio Nacional de Poesía, convocado entonces por la revista Blanco y Negro, por su obra La palabra del bosque; notable bablista y experto en toponimia, colaborador de El Oriente de Asturias, miembro del Instituto de Estudios Asturianos (IDEA), dejó una importante obra: Apuntes sobre el bable. Del lución, El Pericote, La sufijación en el bable oriental, El muy noble gremio de mareantes de Llanes, etc.

Javier Ruisánchez, pintor, artífice de la teoría sobre la perspectiva llamada ilustrismo.

Pablo Ardisana, poeta en bable y castellano, nacido en Hontoria (Llanes) en 1940 y licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Oviedo, quien tiene impresos varios poemarios: Única Geografía, Armonía d'anxélica sirena, Azul mirar d'amor...; es autor, también de una antología poética sobre el llanisco Celso Amieva.

Martín López Vega, poeta y escritor, Premio Asturias Joven de Poesía.

También hay que hacer referencia a algunos de los muchos potentados indianos naturales de Llanes que llevaron a cabo una importante tarea filantrópica dentro del concejo: Francisco Mendoza Cortina (1815-1880); Faustino Sobrino Díaz (1827-1900); el primer marqués de Argüelles, Ramón Argüelles Alonso (1832-1900); Manuel Romano Gavito (1833-1909) o Manuel Cue Fernández (1834-1899), fundador del Colegio de La Arquera en la villa de Llanes.

Un residente veraniego habitual, el director de cine asturiano Gonzalo Suárez (Oviedo, 1934), con Aoom, Al diablo con amor, Epílogo, Parranda, Remando al viento, Mi nombre es sombra o El portero, cintas representativas de una arriesgada y controvertida trayectoria cinematográfica, es clave en el boom de Llanes como escenario predilecto de muchos realizadores de cine, televisión o publicidad.

Otro cineasta muy vinculado a Asturias, José Luis Garci (Madrid, 1944), hijo de gijonés, ganador en 1982 de un Óscar al mejor filme extranjero por Volver a empezar, rozó el mentado galardón con El abuelo (1998), basada en la obra homónima de Benito Pérez Galdós, parte de cuyas escenas ha rodado en cautivadores espacios del concejo; con You're the one (Una historia de entonces), una historia en blanco y negro «de tristezas mudas, silencios elocuentes y vidas en un hilo» (Tino Pertierra) estrenada en octubre de 2000, ha vuelto a los escenarios naturales llaniscos, dejándose ver sus espectaculares playas —que son la imagen del cartel de la película— y Purón.

BIBLIOGRAFÍA

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CERRA, Yolanda; COLINA, Arturo; VINIEGRA, Yolanda, y otros: Llanes y Ribadedeva, en la colección «Asturias, concejo a concejo», Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA), Oviedo, 1993.

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MARTÍNEZ RIVAS, José Ramón; GARCÍA CARBAJOSA, Rogelio; ESTRADA LUIS, Secundino: Historia de una emigración: asturianos a América, 1492-1599 (obra inédita).

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SORDO SOTRES, Ramón: «Llanes», en Asturias a través de sus concejos, 1 tomo, Ed. Prensa Asturiana, Oviedo, 1998.

VARIOS AUTORES: Guía de Asturias, Asturias'92, Oviedo, 1992

Geografia de Llanes: física, humana y económica

Por Ramón Sordo Sotres*

  • Localización: Costa oriental del Principado de Asturias.
  • Límites: Al norte, el mar Cantábrico; al sur, los concejos de Cangas de Onís, Onís, Cabrales, Peñamellera Alta y Peñamellera Baja; al oeste, los de Ribadesella y Cangas de Onís, y al este, Ribadedeva.
  • Población de derecho: 13.184 habitantes (censo de 1996).
  • Extensión: 263,59 kilómetros cuadrados.
  • Capital: Llanes (villa).
  • Parroquias: Andrín, Ardisana, Barro (Barru), La Borbolla, Caldueño (Caldueñu), Los Callejos (Los Caleyos), Carranzo (Carranzu), Los Carriles, Celorio (Celoriu), Cue, Hontoria (H.ontoria = Jontoria), Llanes, Malatería (La Malatería), Meré, Naves, Nueva, Parres, Pendueles, Poo (Po), Porrúa, Posada, Pría, Purón, Rales, San Roque del Acebal (San Roque l'Acebal), Tresgrandas, Vibaño (Vibañu) y Vidiago.
  • Altitud mínima: Nivel del mar.
  • Altitud máxima: La Peña Blanca (1.177 metros).
  • Partido judicial: Llanes.
  • Comarca: Oriente.

Situación y límites

El concejo de Llanes ocupa casi el mismo extremo nororiental de la provincia de Asturias con una extensión de 263,59 kilómetros cuadrados; sus límites son el mar Cantábrico, conocido aquí simplemente como La Mar, que baña su amplísima fachada norte, repleta de playas y de erías de los pueblos; los ríos L'Aguadamía y Cabra, que lo separan de Ribadesella y Ribadedeva, al oeste y este, respectivamente; mientras que por el sur elevadísimos montes, para ser costeros, forman frontera con los concejos de Cangas de Onís, Onís, Cabrales, Peñamellera Alta y Peñamellera Baja.

Relieve, clima y flora

La característica principal del relieve llanisco es que las orogenias herciniana y alpina generaron unas formaciones calizas únicas en el norte de España, tanto en la costa como en el monte. Como consecuencia, los valores paisajísticos del concejo son muchos y en todo su territorio: las playas, los acantilados, las erías, los cuetos, las torcas o simas, las cuevas, el monte...

Son muy conocidas las cuestas litorales y el relieve accidentado de la costa llanisca, pero no lo es tanto una formación geológica que los naturales conocen como escar y que se trata de conjuntos extensos de rocas calizas erosionadas y revueltas entre sí que constituyen el agolpamiento calcáreo más singular de la región. Los escares se concentran en los parajes limítrofes entre Cabrales, Peñamellera Alta y Llanes, formando un grandioso conjunto denominado por antonomasia L'Escar y cuyo recorrido de sur a norte configura el itinerario asturiano de montaña más difícil de encontrar.

La máxima cima del concejo es Peña Blanca, que se alza sobre el pueblo de El Mazucu y suma unos 1.117 metros de altura. El Traviesu es la parte no rocosa de la inmensa ladera en la que el Cuera se desploma hacia el norte y en la que se halla El Jaedu, el bosque asturiano más alejado de toda vía rodada de penetración. Otros parajes destacados del monte son La Llosa Viango, una depresión cárstica clásica, y El Picu el Castiellu, una pica rocosa situada sobre el pueblo de Soberrón.

En el litoral del concejo abundan las cuestas de cimas planas, forma causada por la acción abrasiva del mar. Entre ellas destacan La Cuesta Cue, la de Niembru, la de Los Carriles, La Cuesta Purón, El Llanu de Roñanzas y La Sierra Plana de La Borbolla. Parajes llamativos son también los afloramientos de caliza rojiza en El Sable Ballota (Cue) y La Cuesta el Castiellu (Soberrón). En la costa se encuentran, además de los característicos bufones, que tanto llaman la atención de los visitantes, las islas, como la de Poo (Po) o las de Barru y Antilles, y los orgullosos castros, nombre local de los islotes, destacando entre ellos el Ajuracáu, el de Ballota, el de Rustrín, el de Troenzo (o Llubeces), El Castrón de Santiuste y El Castru el Gaiteru.

Las playas del concejo son numerosas, casi todas de pequeña extensión y con arena fina y aguas buenas para el baño; las más importantes son Cuevas del Mar, La Güelga, Beón, Torimbia, Toranda, La Palombina, Poo, El Sablón, Puertu Chicu, El Sable Toró, El Sable Ballota, Andrín, Bretones, Castiellu y Arenillas. Además, en Gulpiyuri (Naves) y en dos parajes de Buelna existen playas no situadas en la línea costera pero cuya arena y agua les llega por la acción de bufones.

Los ríos no son largos en el concejo y entre ellos cabe citar el Nueva; el Beón, llamado aguas arriba El Ríu las Cabras; el Purón y el ríu Cabra.

El clima de Llanes es atlántico; la proximidad de La Mar lo suaviza y buena muestra de ello es la ausencia de nieve en las localidades costeras durante casi todos los años. «La moderación térmica se pone de manifiesto en veranos e inviernos suaves, cuyas medias sobrepasan los 17 y 8,5 ºC, respectivamente. La media de las máximas en invierno es de 13,3 ºC en diciembre, 12,6 ºC en enero y 11,1 ºC en febrero, mientras la media de las mínimas oscila en torno a los 7 ºC menos que las máximas correspondientes. Las precipitaciones anuales están entre los 1.100 y 1.300 mm, distribuidos a lo largo de 137 días de lluvia, resultando más seco el mes de julio, que se revela también como el más caluroso» (Secundino Estrada Luis).

La especie arbórea más representativa del concejo es la jaya (el haya), que incluso, según los estudios del biólogo local Luis Carrera, llenaba las laderas septentrionales de todos los montes de Llanes.

La población

Pero tanto prodigio natural no siempre colabora al sustento de los hijos de esta tierra, y así el concejo sufre desde hace siglos el azote de la emigración, primero a Sevilla y América y ahora a Oviedo, Madrid y otras ciudades. Nutridísimas y famosas son las colonias llaniscas en Méjico y en Venezuela, llegadas a estas naciones americanas en masivas oleadas durante los siglos XIX y XX.

Sin embargo, escasamente conocida es la emigración llanisca a los pueblos de los municipios costeros montañeses de Val de San Vicente y San Vicente de la Barquera, poco numerosa en cantidad absoluta, pero importante y muy singular por el alto porcentaje de personas de origen llanisco en el total de la población de estos dos municipios costeros; ejemplo preclaro de ello es el del hombre de letras Gumersindo Laverde Ruiz, criado en Nueva (Llanes) pero que nació en Estrada, un pueblín de Val de San Vicente, Cantabria.

También fue importante la emigración de los teyeros, estacional y que consistía en que multitud de campesinos, principalmente del oeste del concejo, marchara durante los meses centrales del año a otras tierras del norte de España para fabricar tejas.

Hoy día, la población llanisca destaca por el notable descenso numérico habido desde 1920, causado por la gran emigración, y por el acusado envejecimiento, producido por el descenso de la natalidad. La población de derecho en 1991 sumaba unas 13.348 personas; el censo de 1996 registró 13.184 habitantes.

Poblamiento

«Articulan el municipio llanisco 28 parroquias o demarcaciones administrativas locales: Andrín, Ardisana, Barro (Barru), La Borbolla, Caldueño (Caldueñu), Los Callejos (Los Caleyos), Carranzo (Carranzu), Los Carriles, Celorio (Celoriu), Cue, Hontoria (H.ontoria = Jontoria), Llanes, Malatería (La Malatería), Meré, Naves, Nueva, Parres, Pendueles, Poo (Po), Porrúa, Posada, Pría, Purón, Rales, San Roque del Acebal (San Roque l'Acebal), Tresgrandas, Vibaño (Vibañu) y Vidiago» (S. Estrada Luis).

Los principales núcleos habitados del concejo son los siguientes:

  • La Villa de Llanes, que es la capital.
  • Nueva y Posada; esta última, también llamada La Vega de Santiago, es de reciente creación.
  • Los importantes pueblos situados cerca de la línea costera y que se concentran en el centro y este del municipio, como Cardosu (Cardoso), Jontoria (Hontoria), Villajormes (Villahormes), Naves, Turancias (Turanzas), Posada la Vieya, Bricia, Quintana, Piedra, Balmori, Niembru (Niembro), Barru (Barro), Celoriu (Celorio), Porrúa, Poo, Parres, Pancar, Cue, Andrín, Puertas de Riegu (Puertas), Riegu (Riego), Vidiago, Pendueles y Buelna, que en general son de poblamiento agrupado; mientras que otros pueblos de este área con el caserío más disperso son Lledíes (Lledías), La Pereda, La Portiella (La Portilla), La Galguera, Soberrón y San Roque l'Acebal (San Roque del Acebal). El pueblo de Purón es el único de los situados en el centro del concejo que no se halla cerca de la costa.
  • En el oeste y noroeste del municipio los pueblos son más pequeños y la división parroquial tiende a coincidir con la unión de varios de ellos: la parroquia de Pría, con Llames, Garaña, La Pesa, Silviella, Piñeres, Villanueva y Belmonte; Oviu (Ovio) y Picones, cerca de Nueva; los barrios de la parroquia de Vibañu (Vibaño); los pueblinos de la de Caldueñu (Caldueño); los muchísimos de la de Ardisana, siendo Mestas de Ardisana el lugar del concejo de poblamiento más disperso; Meré y su anexo El Cuetu Meré; el pueblo de Llamigu (Llamigo), que pertenece a Nueva pero que ocupa un extenso valle lleno de caserías aisladas; Riensena; y en el este del municipio, El Pie de la Sierra, Tresgrandas, Santa Eulalia de Carranzo y La Borbolla.

Economía

El minifundio es desde hace siglos la constante de la economía agrícola, y los principales productos de cultivo fueron, desde el siglo XVIII, el maíz, las jabas o alubias y las patatas, mientras que los abundantes árboles frutales constituían un valioso complemento alimenticio. La bebida tradicional es la sidra, muy consumida por la población campesina.

La ganadería es de tipo extensivo, basada en los pastos comunales y destinada a la obtención de queso (quesu) y carne, pero se encontraba mucho más desarrollada en los pueblos del interior municipal, cuyos habitantes se desparramaban desde mayo hasta octubre por los sitios y vegas de los montes del concejo, aunque además los pastores de los pueblos de Porrúa y de Parres tienen derecho a utilizar los pastos del Puertu de Cuera, perteneciente al vecino concejo de Cabrales.

Llanes es un concejo que carece de tradición industrial y la mayoría de los trabajadores empleados en el sector secundario se incluyen en el ramo de la construcción.

Hasta hace pocos años la mayoría de los vecinos del concejo vivían del campo pero esta proporción ya va pasando a la historia y el decenio de los noventa es testigo de una transformación irreversible que aboca a la gente a trabajar en el sector terciario: muchos vecinos de los pueblos y villas de Llanes viven del turismo, siendo entre ellos abundantes los empleados en la hostelería, pero ésta presenta el problema de la acusada estacionalidad de los visitantes.

Las comunicaciones son buenas, pues la llanura litoral configura un eje de oeste a este que está ocupado por la futura autovía del Cantábrico, por una línea de ferrocarril y por la carretera nacional 634; destaca así mismo el enlace con Cabrales, Cangas (Cangues) y Onís por la carretera del río las Cabras (Ríu las Cabras).

(*) RAMÓN SORDO SOTRES, escritor e investigador etnográfico llanisco, gran estudioso y divulgador de la zona, es autor, entre otras publicaciones, de «Llanes», en Asturias a través de sus concejos, 1 tomo, pp. 714-719. Ed. Prensa Asturiana, Oviedo, 1998; Mitología de Asturias y de Cantabria entre los ríos Sella y Nansa, 1991, e Historias, costumbres, palabras e ideas entre los ríos Sella y Nansa, 1992, libros ambos de la colección El Jogueru